Con la propuesta de trabajar en estrategias que permitan una erradicación progresiva de la quema como método auxiliar de la cosecha de caña de azúcar, en mayo del 2010, se reunieron actores e instituciones vinculados a la problemática y se conformó la, entonces, llamada Mesa de Gestión Ambiental Cruz Alta y, actualmente, Mesa de Gestión Ambiental Tucumán (MGA).
El primer desafío fue construir un diagnóstico sobre la quema desde la perspectiva e intereses de cada uno de los actores. Posteriormente, se avanzó en el diseño de estrategias de intervención para enfrentarla, logrando herramientas para la transformación cultural y tecnológica de la quema.
La iniciativa fue la conformación de una coalición social con lo/as principales actores del territorio a fin de lograr una concertación de intereses para la solución de la quema. Este espacio colectivo permitió una mirada con más largo alcance y buscó, además de solucionar este problema, una producción sustentable de la principal actividad agrícola de la provincia.
La propuesta participativa logró el fortalecimiento de una institucionalidad local, que se visibiliza en una red amplia de actores, que construyó su identidad dentro del conflicto. La premisa fue que los cambios son más factibles cuando hay participación, tanto de la sociedad del territorio directamente vinculada a la actividad agrícola como de aquella que será beneficiada cuando el cambio se produzca.
Se trabajó desde una perspectiva de planificación y gestión dialógica que priorizó la participación del colectivo de actores durante todo el proceso de construcción y toma de decisiones en las diferentes etapas. Así, para diseñar e implementar sus estrategias en el territorio, la MGA Tucumán desarrolló un proceso dinámico, complejo e integral que incluyó el diagnóstico, la planificación, el diseño de estrategias, la ejecución y la evaluación.
El IPAAT participó activamente en el encuentro que reunió a referentes del sector para mejorar la cosecha mecanizada de caña de azúcar en Argentina.
La campaña 2025/2026 cerró con un récord de 605.509 toneladas despachadas al mercado internacional, generando divisas por más de 306 millones de dólares. Chile concentró el azúcar blanco y refinado, mientras que Estados Unidos absorbió casi la totalidad del orgánico.
Con una campaña que se extendió por 401 días, Tucumán, Salta y Jujuy registraron una producción de 618 millones de litros de alcohol. Más del 80% del total se destinó a bioetanol para el corte de naftas, consolidando a la caña de azúcar como un pilar clave de la energía renovable nacional.