La producción de alcohol a partir de la caña de azúcar se lleva a cabo en una destilería, mediante dos procesos clave: la fermentación y la destilación.
En la fermentación es donde la magia comienza. Se utilizan melaza diluida y levadura. La melaza es un subproducto de la producción de azúcar que aún contiene azúcares. La levadura es un microorganismo que consume el azúcar presente en la melaza y produce principalmente etanol y dióxido de carbono.
En un gran tanque llamado cuba de fermentación, mezclamos levadura y melaza diluida y dejamos que transcurra un tiempo para que el microorganismo haga su trabajo. Cuando la fermentación ha finalizado, tenemos una mezcla que contiene etanol, agua, levadura y otros compuestos. Mediante centrifugación, separamos la levadura del resto de la mezcla, que se envía al próximo proceso.
Durante la destilación, la mezcla se calienta en una serie de columnas de destilación, logrando que el etanol se evapore y se separe de casi toda el agua y del resto de compuestos de la mezcla, obteniendo el alcohol etílico hidratado, que es utilizado para la producción de bebidas alcohólicas, productos farmacéuticos y otros. Un subproducto de la destilación es la vinaza, compuesto muy rico en nutrientes que se la procesa para producir compostaje para los campos.
El IPAAT participó activamente en el encuentro que reunió a referentes del sector para mejorar la cosecha mecanizada de caña de azúcar en Argentina.
La campaña 2025/2026 cerró con un récord de 605.509 toneladas despachadas al mercado internacional, generando divisas por más de 306 millones de dólares. Chile concentró el azúcar blanco y refinado, mientras que Estados Unidos absorbió casi la totalidad del orgánico.
Con una campaña que se extendió por 401 días, Tucumán, Salta y Jujuy registraron una producción de 618 millones de litros de alcohol. Más del 80% del total se destinó a bioetanol para el corte de naftas, consolidando a la caña de azúcar como un pilar clave de la energía renovable nacional.