28 de Enero de 2026
En el marco de la transición energética global, los biocombustibles se presentan como una alternativa clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Su clasificación en generaciones permite comprender mejor su evolución tecnológica y el impacto de cada etapa en la sostenibilidad y el mercado energético.
Primera generación: los convencionales
Los biocombustibles de primera generación se obtienen a partir de cultivos alimentarios como maíz, caña de azúcar, soja o palma aceitera. Son los más comunes y ampliamente comercializados.
Ejemplos:
Bioetanol: producido por fermentación de azúcares presentes en maíz o caña de azúcar, utilizado como aditivo o sustituto de la nafta.
Biodiésel: obtenido por transesterificación de aceites vegetales o grasas animales, mezclado con gasoil o usado directamente en motores diésel.
Ventajas: tecnología madura, accesible y con infraestructura instalada en muchos países.
Segunda generación: los avanzados
Estos biocombustibles se producen a partir de residuos agrícolas, forestales, industriales o urbanos, como restos de cosechas, residuos de madera o aceites usados.
Ejemplos:
Etanol celulósico: obtenido de biomasa lignocelulósica (tallos, hojas, cáscaras), mediante procesos que liberan y fermentan los azúcares.
Biodiésel de residuos: producido a partir de aceites de cocina usados o grasas animales no comestibles.
Ventajas: no compiten con alimentos ni requieren nuevas tierras de cultivo; promueven el reaprovechamiento de residuos y reducen el impacto ambiental.
Tercera generación: los experimentales
En etapa de investigación y desarrollo, se obtienen a partir de microalgas u organismos diseñados genéticamente, cultivados en condiciones controladas.
Ejemplo:
Biocombustible de algas: se produce al cultivar microalgas ricas en lípidos, que luego se procesan para obtener combustibles similares al diésel o queroseno.
Ventajas: no requieren suelo fértil ni compiten con alimentos; pueden crecer en agua salada o residual y ofrecen un alto rendimiento por superficie.
Cuarta generación: biología sintética
Estos biocombustibles utilizan la biología sintética y la ingeniería genética para mejorar la producción a partir de microorganismos como algas y cianobacterias.
Ventajas: potencial para optimizar rendimientos y reducir costos mediante manipulación genética.
La evolución de los biocombustibles, desde los convencionales de primera generación hasta los experimentales de cuarta, refleja el esfuerzo global por encontrar soluciones energéticas más limpias y sostenibles.
El IPAAT participó activamente en el encuentro que reunió a referentes del sector para mejorar la cosecha mecanizada de caña de azúcar en Argentina.
La campaña 2025/2026 cerró con un récord de 605.509 toneladas despachadas al mercado internacional, generando divisas por más de 306 millones de dólares. Chile concentró el azúcar blanco y refinado, mientras que Estados Unidos absorbió casi la totalidad del orgánico.
Con una campaña que se extendió por 401 días, Tucumán, Salta y Jujuy registraron una producción de 618 millones de litros de alcohol. Más del 80% del total se destinó a bioetanol para el corte de naftas, consolidando a la caña de azúcar como un pilar clave de la energía renovable nacional.